domingo, 25 de julio de 2021

Los tapabocas o las mascarillas

 

Tapabocas o mascarilla (foto tomada de PATPRIMO

Los tapabocas o las mascarillas son una prenda cotidiana asociada con la bioseguridad.

Este siglo XXI es referente desde finales de su segunda década, de la pandemia asociada con la transmisión por vías respiratorias del coronavirus SARS-CoV-2 que causa la enfermedad Covid-19.

Esta es mortal y ha dejado más de 4,1 millones de personas fallecidas en uno poco más de un año y medio en todo el planeta.

Por ser una enfermedad que se transmite por las vías respiratorias, las autoridades de salud han recomendado, y en muchos países los gobiernos han hecho obligatorio su uso, la utilización de tapabocas o mascarillas para la población.

Así, los habitantes de ciudades y zonas rurales en el orbe han vivido un cambio en sus costumbres que tiene que ver con proteger del ambiente la nariz y la boca y a la vez evitar que las gotículas de la propia saliva lleguen a este.

El diseño industrial aprovecha las formas de la cabeza y la cara humanas para crear tapabocas o mascarillas que cubren la nariz, la boca y el mentón y que se sostienen con enganches en las orejas o que dan vuelta a la cabeza permitiendo anudar las terminaciones detrás de esta para asegurar la prenda.

Sin embargo, hay tapabocas mal portados que dejan al descubierto las vías nasales o inclusive la boca también y que, por supuesto, no previenen la respiración del virus ni impiden que quienes los porten lo dejen en el aire o el ambiente.

Las casas de modas en el mundo han echado mano de la oportunidad de negocio que representa la demanda de tapabocas o mascarillas por parte de la población y a la vez han prestado un servicio invaluable con la creación de prendas bioseguras.

Igual ha hecho la industria médica con los tapabocas o mascarillas desechables que previo a la pandemia eran de uso exclusivo del personal de salud o que se usaban en otros sectores creados por las compañías de seguridad industrial para proteger la salud de trabajadores que tienen contacto con partículas o micropartículas que afectan la respiración y la salud.

Últimamente eran usados también por ciclistas en las ciudades para filtrar la contaminación del aire mientras hacían sus desplazamientos por vías donde la calidad del aire se ve afectada por las emisiones producidas por los vehículos que usan gasolina, DIÉSEL u otros combustibles fósiles.

Imágenes insospechadas en la década pasada y que hoy transmiten la televisión, las agencias de información y los noticieros, muestran un mundo que está usando tapabocas o mascarillas. 

Líderes políticos, religiosos, económicos y militares así como ciudadanos del común se identifican con la utilización de la prenda que trasciende culturas, geografía, condiciones sociales y, por supuesto, medios de transporte.

Incómoda en periodos largos de uso, ha innovado en su conformación al punto que existen tapabocas o mascarillas transparentes que dejan ver las expresiones de la cara sin afectar la bioseguridad.

Estos se usan principalmente en procesos inclusivos para facilitar la comunicación con personas sordas. Colombia, por ejemplo, emitió una legislación recientemente, haciendo obligatorio su uso en entidades públicas que tengan a su cargo la atención a ciudadanos.

La historia recordará con agradecimiento y curiosidad este tiempo de pandemia registrando el uso del tapabocas o la mascarilla, que cubre menos del 5 % de la superficie del cuerpo y que le ha prestado un servicio importante en el cuidado de la vida y la preservación de la salud.

Esto, independientemente de que las artes mayores como el teatro o las artes escénicas busquen trasmitir referentes del mundo sin el uso del tapabocas o mascarillas como se puede ver en las series de televisión tal vez soportadas en la necesidad de transmitir las expresiones faciales, lo que no se puede hacer plenamente con un trozo de tela o de material desechable cubriendo el rostro.


Guillermo Camacho Cabrera (Papel y Signos).



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