| María, por Cerezo Barredo. |
Antes de eso solo son desplazados, buscadores de refugio.
Es una lástima que en su proceso entre el desplazamiento y el refugio estén en juego la dignidad, la solidaridad y la humanidad.
Es indigno que países no les reciban. Que los excluyan. Es insolidario que los rechacen. Es inhumano que no haya refugio.
Los refugiados son un desafío a las políticas sociales y públicas de cualquier país, ya sea expulsor, receptor o candidato a dar refugio.
Los refugiados tienen necesidades básicas insatisfechas. Un techo, abrigo, comida, afecto, una red de apoyo y de soporte.
Los refugiados son un salpicón en medio de la monotonía europea. El llamado al sincretismo. La fulminante e inequívoca prueba de que otras realidades existen.
Los refugiados son hermanos que necesitan de otros hermanos para rehacer sus proyectos de vida.
Los refugiados retan la capacidad de convivencia.
Recibir a los refugiados es la expresión más grande de desarrollo económico, social, político y religioso.
El acto de dar hospitalidad es por sí solo una religión.
El fin último de todo refugiado es retornar, y lo que se haga para que sea posible pasa por el consenso.
La ONU es una tribu que llama al consenso.
Los refugiados son a la ONU como las palmas al cante jondo. Sin ellas, no hay esencia.
Guillermo Camacho Cabrera
guillermo@papelysignos.com
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