Es un alivio ver cómo en Bogotá D.C., Colombia en este fin de año 2009 no hubo personas quemadas por pólvora (Ver El Espectador, Enero 1 de 2010). Y es un alivio porque se ven en el largo plazo los resultados de la política pública en la ciudad con referencia a la prohibición del uso de pólvora.
Bastó una medida fundada en la ética y en la tozudez del gobernante, que fue respaldada por gran parte de la comunidad, por las asociaciones que trabajan por los derechos de los niños y por las siguientes administraciones distritales, para que quince años después esa medida rindiera sus frutos proyectados: Cero niños quemados por pólvora en Año Nuevo en Bogotá, ciudad con más de seis millones de habitantes y más de dos millones de niños y niñas.
Aunque esta primera semana del año la Secretaría de Salud de Bogotá aún esperaba reportes de quemaduras por pólvora en Año Nuevo, a la fecha no se ha presentado ninguna, lo que constituye un gran logro de algo que no se conocía antes en la ciudad: LA EXISTENCIA DE UNA POLÍTICA PÚBLICA PARA LOS NIÑOS Y LAS NIÑAS, traducida esta en la protección a su derecho a la vida y al sano desarrollo, consagrado en el Artículo 6o. de la Convención Internacional de los Derechos del Niño.
Creo que es necesario hacer un reconocimiento público, hoy, a 15 años de la medida, al entonces alcalde mayor de la ciudad Antanas Mockus, por los resultados de su política, también a los alcaldes que le siguieron y a toda la comunidad, quienes no permitieron que, como lo quería cierto representante a la Cámara por Bogotá, retornara la pólvora a la ciudad.
El entonces alcalde Mockus decía: "La vida es sagrada". Las pieles de los niños y las niñas también lo son.
Guillermo Camacho Cabrera